domingo, 1 de marzo de 2015

La figura


              Ese día se  despertará al alba, serán entre las cuatro treinta o cinco, con una gran opresión en el pecho, ahogada y con pocas fuerzas, estirará la mano hacia la luz de la mesita de noche.

          El reloj hará un tic tac  bien acompasado. Los pasos de la gente que caminará por la vereda harán un efecto rebote en  sus oídos. Turbada por el dolor atinará a llamar a la emergencia. La operadora le hará preguntas que  no podrá contestar, le explicará que es fundamental, por el tipo de emergencia que necesitará. La conversación durará unos minutos, hasta que el portero de su edificio, alertado por los médicos abrirá la puerta.

Oscar, el portero, a este punto viejos amigos, asustado mas que ella, y blanco como un papel, guiará a los médicos hacia su habitación. Clara. Ya están aquí. Murmurará.

          Ella  no podrá emitir sonido, pero le causará una gran ternura saber que  alguien estará ese momento a su lado. Empezarán un interrogatorio al que contestará con señas. Levantará la mano, y afirmará o negará al médico. El bolso estará preparado. Entre los tres: chofer de ambulancia, medico y enfermero, la subirán a la camilla. Sólo un esfuerzo pequeño. No creerá pesar más de treinta y ocho kilos. Oscar ya habrá abierto la puerta del ascensor.

          Siempre decían que era muy angosto y reían. Tendremos que   pedir al consorcio que agrande el hueco. Reirán a  carcajadas.

          Esa mañana  no. Estará muy circunspecto, casi solemne.  Ella lo mirará con una mirada burlona, para que deje la solemnidad de lado. Oscar la esquivará. Cuando, al fin, cierren la puerta del ascensor el ya  habrá dado media vuelta para cerrar el departamento y guardará  las llaves. Esa será su despedida.

 
          Las veces que regresó de las internaciones, Oscar y su esposa, le dejaron en el florero del living las flores que le gustaban: las azucenas, las teñidas, porque se decía que las blancas eran para los muertos. Y  yo. ¿Qué soy?... Se preguntó.

          Nunca quiso dejarse llevar por la desazón, pasaron casi tres años. Y no perdió el optimismo. El dolor la  cansaba,  tenia intensos  deseos  de dejar de sufrir. No deseaba perder ni dejarse amedrentar, era  sólo cansancio.

          Si por algo se destacó, fue por tener siempre la tierra firme bajo sus pies. Hubo sueños, pero siempre emparentados por la factibilidad de lo que podría concretar. No  fue dolorosa su realidad. Más bien impiadosa, y ella respondió con  misericordia. Los otros no. Juzgaban y pretendían que actúe como ellos, pero le resultaba muy difícil.

 Trataba siempre de complacer, sobre todo a los parientes. No doy con la tecla. Es eso.  Se decía. Quizás no me supe expresar. Quizás no hablé lo suficiente. Era todo quizás… quizás. Después de un tiempo de mucho dudar se contentaba pensando que otra vez seria mejor.

          El medico se sentará a su  lado,  le pondrá el oxígeno, y  que verá su cara aliviada. Sonreirá,  ella contestará con una sonrisa. Ambos querrán tranquilizarse mutuamente.

          Con el tiempo logró conocer a  todos los residentes en las guardias, trataba de no ser quejosa, sabia que el proceso seria largo y se verían asiduidad. Odiaba de solo pensar que se cansarían y fastidiarían con ella.

          Las luces de la ciudad pasarán como providencias fugaces por el vidrio de la ventanilla de la ambulancia, ella siempre las mirará,  precavida, por si   fuera esa la última vez  que podría verlas. Llegará  a la guardia, las enfermeras, algunas, la reconocerán. Como la piel y sus venas estarán muy frágiles, la entubarán con gran cuidado o tendrán que empezar a buscar por otras partes del cuerpo.

          Remisa a que la lleven a terapia intensiva, estuvo casi un  día en una habitación contigua a la sala de guardia. Y cuando hubo lugar en terapia intermedia, la pasaron  hasta que se compensó. Después sí. Una habitación común. Compartida, así no se sentía sola.  La mayoría tenía parientes que los visitaban, y conseguía con quien hablar. Traían noticias de afuera como el frío o el calor. Las charlas eran superficiales. Sin compromisos. Se asombraban cuando  relataba el tiempo que había tenido que empeñar en esto. Ella desdramatizaba la situación y llevaba la conversación a situaciones jocosas.

          Su única amiga, Rosa María,  muy impresionable,  las veces que entraba y la veía en ese estado, que para ella se había vuelto normal, se echaba a llorar y salía de la habitación tapándose la boca con las manos, y, como  los ojos no mienten, lagrimones casi tan grandes como lluvia de sapos le caían por las mejillas redondas, porque no había perdido su aspecto infantil.

          Su amiga  repetía la entrada y salida de la habitación unas cuantas veces. Ella se  reía y Rosa María  se disgustaba. Ponía cara de puchero y se volvía a su casa.  Las idas y venidas de Rosa María se repetían compulsivamente el tiempo que duraba la internación. Por ello, un día estando en su casa repuesta  y, Rosa María, sin llorar, aclararon la situación.

          La cosa viene de este modo, tampoco le pudo decir con palabras cuál era su  enfermedad porque seria de nuevo un mar de llanto. De acuerdo. Rosa María no  iría de visita al hospital. En cambio ella, debía avisarle las veces que volvía a su casa, y así vendría con masas secas y tomarían el té. No tendría que asustarse si por alguna causa  le resultara imposible tragar. Cuando empezaran los vómitos se iría tranquilita. Una vez repuesta la llamaría por teléfono. Fue el único modo de dejarla conforme.

          Esta vez  resultará distinto. Las enfermeras tendrán caras largas. Llamarán a su medico de cabecera.  Poco usual, de noche no se lo debe  molestar, para eso estarán los de guardia. Análisis de todo tipo. Por último una transfusión.

          Clara la cosa vienen mal, se dirá por dentro. Dormirá de a ratos. Y cuando la despierten tendrá canalizando un aparato distinto su cuerpo. Lo raro será que no le dolerá nada.

          No le agrada verse despeinada y amarillenta, tiene cuarenta y siete años y aparenta menos. Siempre le gustó ese aspecto juvenil y semidescuidado. La estética siempre fue algo muy importante, nunca se quiso ver avejentada. Quien sabe si lo logrará.

          Así se preparó una tarde y, como Oscar siempre la vigilaba, esperó que fuese su hora de descanso y salió bien vestida con  un trajecito rojo tirando a bordo, con su pelo rubio; le sentaba bien esa combinación. Botas porque hacía  frío, guantes haciendo juego. El maquillaje muy natural, con sus ojos verdes, sólo un poco de rimel. No hacía falta mucho más, además todavía no estaba tan flaca. Se  miró al espejo varias veces antes de salir. También en el espejo del ascensor. Le agradó la imagen que le devolvió.

          Caminó unas cuadras por Avenida Alvear,  miró toda la colección de una marca muy conocida que le gustaba. Dejó que el viento impasible le  helara la cara y la despeinara. Se  sentía aliviada, sin ningún peso que cargar a sus espaldas.

          La tarde anterior había venido su exmarido con intenciones bien claras, sin rodeos le pidió que le deje el departamento a su nombre.

          Es más fácil para todos. No creo que Emilia vuelva de Barcelona. De este modo nos aliviás a todos. No será fácil para nosotros soportar una sucesión. Edgardo pronunció estas palabras recorriendo con su mirada toda la habitación.   

          Como no tuvo ganas de contestarle como se merecía, abrió la puerta y de un golpe la cerró a sus espaldas. No creo que vuelva. Edgardo es cobarde. Se dijo. Por cierto las veces que habló con Emilia no tuvo el coraje de contarle. No lo hizo desde un principio, y después hubiese sido una discusión tras la otra. ¡Que!... ¿Por qué no  dijiste? ¡Que!... ¿Por qué, cómo es que estás enferma?

          Pensó escribirle una carta, pero se dio cuenta que siendo la madre no se lo perdonaría. Con estos pensamientos llegó hasta la parada de taxi más cercana. Comenzaba a sentirse agitada. Le dio la dirección. Intentaba a oscurecer. Los colores del cielo aquilonal, azul rojizo, la apasionaban. Tocó el timbre del local, un vendedor de traje negro y camisa blanca abrió la puerta. Estuvo un largo rato mirando, no quería dejar a nadie el mal rato de ese tramite.

          Por fin se decidió por uno de precio moderado, como estaba expuesto cuando entró y se  probó al ataúd, el vendedor pegó un grito. Estaba pálido, ella lo tranquilizó.

Después no me tendrá que ver. Balbuceó.

          Las flores  más sencillas y a su vez alegres. Yerberas y lisiantus. No le gustan los arreglos recargados. Terminado el trámite, pagó con un cheque a quince días. Espero poder cubrirlo a tiempo. Pensó.

          No sólo Emilia, su hija, tampoco a su madre le pudo contar. Todas las veces que fue con la intención de confesarlo, ella estaba alegre. No quiso arruinarle el momento con la noticia. Su madre sólo la veía más flaca, y le repetía hasta el cansancio: que las mujeres muy delgadas después de los cuarenta no gustaban a los hombres.

          Y yo que no quería dejar cuentas a nadie. Al fin no pude enfrentar ni a Emilia ni a mamá. Su voz la sobresaltó con esa confesión. Se  repetía muchas veces: mañana lo hago. Ma- ña- na lo ha-go.

           ¡Al fin se saldrán  con la suya! Estará en terapia intensiva, el pacto sería que sólo en caso de extrema gravedad la llevarían. No le gustarán los boxes. La tela blanca que la separará de otro enfermo, no impedirá escuchar los ruidos acompasados de los monitores, ni de las máscaras de oxígeno. La  acomodarán,  estará sin su camisón. Le pondrán la bata blanca. e a poco se  perderán los ruidos de la sala. Abrirá los ojos y no verá. ¿Habrán apagado las luces? Hará un esfuerzo por no dormirse. Querrá respirar hasta la última bocanada de aire. Lo intentará, el aire no entrará. Tampoco sentirá  el ahogo en el pecho.  Disimulada, la figura, se  alejará. Al milésimo volverá. Se apartará  más. Ya no la verá. No la verá… no  verá ya jamás…

 

 

   

            

sábado, 31 de enero de 2015

Lo ven todo... el gran hermano fiscalizador. Segunda versión


Me encontraba en la cocina de mi casa. De esta casa que heredé de mis padres y en la que  me da mucho placer sentir que aún  están vivos los recuerdos de una vida sencilla, sin lujos, pero de un gran confort. Era una tarde de invierno, con el sol apenas tibio y con las nubes bajas, tan bajas que en la ventana había resquicios de una bruma, como algodones que flotaban y estaban suspendidos a un metro del suelo. Yo estaba  lánguida, en un estado  que era una conjunción de sueño y de vigilia. De pronto entró mi hijo  menor, tiene trece años y es un adolescente muy afecto a los telediarios, anuncios de noticias en internet y demás alertas cibernéticas. Su alegría no tenía contención, sus ojos vivaces reían y su estado de exaltación no encontraba repuesta de mi parte. Esa mañana había sido sometida  una práctica de exploración, que por buen gusto y femineidad no deseo relatar ahora. Me encontraba débil, ya que para la preparación había tenido que dejar salir todos los líquidos de mi cuerpo y eso me tenía extenuada y sin aliento.

            Mi hijo no paraba de reír y decía:

             — ¡No me lo esperaba! ¡Es genial! ¡Es copado!

            Saltaba,  dando carcajadas. Y recorría las habitaciones.

—Es increíblemente genial.

— ¡Qué pasa! ¿Por qué tanta exaltación?

Misha empezó a recorrer toda la casa, y despertaba a mis hijos mayores en afán de ser escuchado.

— ¿Qué ocurrió? Sé más preciso.

            —Mamá sos la mujer más conocida. Estás en todos los sitios de información. No aparece tu rostro, aunque si tus entrañas.

            —Pero qué decís.

            — ¿Qué has hecho esta mañana?

            —Solo un estudio. Que por cierto está recomendado a partir de cierta edad, pero ¿cuál es la novedad, Misha?

            —No sabés, sos la mujer más conocida. Dicen tu nombre, aparece en cada portal de noticias, está en las alertas.

            —Vamos, Misha, estoy  con pocas fuerzas, dejá de incomodarme.

            —Te puedo mostrar, está acá, podés ver.

            Y comenzó a leer.

            —…La señora Elena Crusciani ha sido sometida a una práctica de rutina y es buscada porque durante la intervención ha soñado, bajo los efectos de la anestesia, y en  esos sueños  viajaba por Austria, recorría la ciudad  de Viena y paseaba por un lago en un bote, entre cisnes blancos que ella acariciaba cada vez que pasaba cerca de uno de estos.

            —Seguí —dijo mi esposo, interesado.

            —…También realizó gestiones de una herencia que supuestamente habría cobrado en Italia,  y de la cual no ha dado ninguna información; por tanto la señora estaría cometiendo delitos económicos e infracciones a la ley tributaria. Por lo antedicho, la Administración Federal de Ingresos ha encontrado que hay un desfasaje entre la declaración de sus ingresos y  los paseos que dio en ese sueño.

            —Por qué tanto alboroto —dijo mi hijo mayor.

            —Vení, leamos. Mamá es famosa—respondió Misha.

            —…Estos pueden ser un indicio de los viajes que piensa realizar, afirmamos, además,  que sus niveles  de expectativas oníricas no son congruentes con los tributos aportados. Por tanto es buscada para que aclare su situación fiscal.

            Quedé en estado de estupor y de fastidio. Nunca había esperado algo así.

            — ¿Es cierto, mami? ¿Has viajado en ese sueño? —quiso saber Misha.

            —Sí, pero jamás pensé que  con la videocolonoscopía,  además de mis vísceras,  también podían leer mis sueños. Y menos que esos tubos hayan estado conectados con los
entes que fiscalizan la recaudación.

            —No, mami, lo interesante es que te conocen. Ahora sos famosa.

            —No, Misha, lo preocupante es que ahora vendrán a buscarme para que declare un dinero
 que no he ganado.

            —No,  para mí es muy bueno. Los chicos del colegio sabrán que tengo una madre famosa.

            —No, Misha, lo alarmante es que a partir de ahora soñar ya no será gratis.

 

 

lunes, 19 de enero de 2015

Lo ven todo... el gran hermano fiscalizador


 

            Me encontraba en la cocina de mi casa. De esta casa que heredé de mis padres y en la que  me da mucho placer sentir que aún  están vivos los recuerdos de una vida sencilla, sin lujos, pero de un gran confort. Era una tarde de invierno, con el sol apenas tibio y con las nubes bajas, tan bajas que en la ventana había resquicios de una bruma, como algodones que flotaban y estaban suspendidos a un metro del suelo. Yo estaba  lánguida, en un estado  que era una conjunción de sueño y de vigilia. De pronto entró mi hijo  menor, tiene trece años y es un adolescente muy afecto a los telediarios, anuncios de noticias en internet y demás alertas cibernéticas. Su alegría no tenía contención, sus ojos vivaces reían y su estado de exaltación no encontraba repuesta de mi parte. Esa mañana había sido sometida  una práctica de exploración, que por buen gusto y femineidad no deseo relatar ahora. Me encontraba débil, ya que para la preparación había tenido que dejar salir todos los líquidos de mi cuerpo y eso me tenía extenuada y sin aliento.

            Mi hijo no paraba de reír y al fin me dijo: Mamá sos la mujer más conocida, estás en todos los sitios de información, no aparece tu rostro, aunque si tus entrañas. ¿Qué has hecho esta mañana? Solo un estudio. Que por cierto está recomendado a partir de cierta edad, pero ¿cuál es la novedad, Misha? No sabés, sos la mujer más conocida. Dicen tu nombre, aparece en cada portal de noticias, está en las alertas. Vamos, Misha, estoy  con pocas fuerzas, dejá de incomodarme. Te puedo mostrar, está acá, podés ver: La señora Elena Crusciani ha sido sometida a una práctica de rutina y es buscada porque durante la intervención ha soñado, bajo los efectos de la anestesia, y en  esos sueños  viajaba por Austria, recorría la ciudad  de Viena y paseaba por un lago en un bote, entre cisnes blancos que ella acariciaba cada vez que pasaba cerca de uno de estos. También realizó gestiones de una herencia que supuestamente habría cobrado en Italia,  y de la cual no ha dado ninguna información; por tanto la señora estaría cometiendo delitos económicos e infracciones a la ley tributaria. Por lo antedicho, la Administración Federal de Ingresos ha encontrado que hay un desfasaje entre la declaración de sus ingresos y  los paseos que dio en ese sueño. Estos pueden ser un indicio de los viajes que piensa realizar, afirmamos, además,  que sus niveles  de expectativas oníricas no son congruentes con los tributos aportados. Por tanto es buscada para que aclare su situación fiscal.

            ¿Es cierto, mami? ¿Has viajado en ese sueño? Sí, pero jamás pensé que mis vísceras estaban conectadas con los entes que fiscalizan la recaudación. No, mami, lo interesante es que te conocen, ahora sos famosa. No, Misha, lo preocupante es que ahora vendrán a buscarme para que declare un dinero que no he ganado. No,  para mí es muy bueno. Los chicos del colegio sabrán que tengo una madre famosa. No, Misha, lo preocupante es que a partir de ahora soñar ya no será gratis.

jueves, 15 de enero de 2015

Pintar el tiempo

Esta es la tapa de mi novela que ya se está vendiendo en la ciudad de La Plata, Buenos Aires, Argentina. Es una historia que cuenta la relación de dos amigas y que se encuentran luego de varios años. El tema central es la violencia de genero. Siendo el tema central jamás está nombrado con todas las palabras, como solemos referirnos a ella. Solo se muestran las consecuencias que deja en la personalidad, el deterioro que experimenta la autoestima y el disvalor que tiene la protagonista que lo padece. Es intimista, con pasajes que refieren al profundo sentimiento de amistad y muestra cómo a veces no es suficiente tener una profesión, ser independiente cuando lo que realmente faltan son  lazos familiares fuertes para que una mujer no sea victima de su soledad y del desamor. Tratado con respeto el tema nos lleva a las conversaciones y recuerdos que la amistad atesora. Quizás en algún momento, o en un tiempo muy cercano puede realizar un e-book para venderla en otros países. Sólo me falta tomar una decisión y alguna información para realizarlo.  En otro post subiré un pasaje para aquellos que deseen seguirla.

jueves, 2 de octubre de 2014

El diario de una Morosa Temprana


Sábado… de setiembre de 2013

Estoy en Génova, vine a esta ciudad para realizar un curso de Literatura Italiana. Mi viaje obedece a las indicaciones de mi médico, ya que me han aconsejado un descanso para sobrellevar un shock post traumático. Y hoy, sólo a tres días de mi arribo, ya tuve el primer inconveniente. Fui a un Shopping con la intención de comprarme unas sandalias y no lo pude hacer porque cuando la dependiente insertó mi tarjeta en el posnet la operación fue rechazada.
            Todo lo que pueda generarme el mínimo proceso ansioso repercute en mi función gástrica. Cuando volví al hostel lo primero que hice fue tomar un   omeprazol, luego compré en un supermercado cercano: zapallo, manzana y leche. Dicen que son muy buenos para apagar el fuego del reflujo en el estomago.

Sábado… de diciembre de 2013
            Ayer debió haber llegado la facturación de la tarjeta de crédito. El lunes iré al banco a pedir el resumen. Antes de ir a acostarme tomé un vaso de leche porque dicen que es muy buena para el reflujo.

Lunes… diciembre de 2013
            Ni bien llegué al Banco para pedir el mentado resumen me dijeron que estaban de paro. Volveré mañana y lo reclamaré, pensé. Volví a mi casa y tomé un jugo de arándanos. Una amiga dice que es muy bueno para la acidez y el reflujo. 

Lunes… de enero de 2014
            Después de tantos feriados de fin de año y de los días de paro recién hoy pude pagar el resumen de la tarjeta de crédito. El monto fue superior al que creía porque una facturación no había llegado a raíz de los días de paro en la Oficina de Correos. Pagué luego de hacer una fila de cien personas, todas  tan fastidiadas que se enervaban con el menor comentario de algún empleado. Volví a casa y tomé un omeprazol.

Lunes… de febrero de 2014
            En la mañana temprano llegó un resumen de la tarjeta de crédito, me reclaman una deuda de 0,06 centavos.  Fui a un cajero rápido que se encuentra cerca de mi casa, el dependiente me dijo que era imposible cobrar una suma tan mínima. Cuando llegué a mi casa tomé un  omeprazol con un jugo de arándanos. Me aconsejaron que combinados hacen muy bien para la acidez frecuente y el reflujo.
Sábado… de setiembre de 2014
            Hoy tuvimos una tarde soleada, el tiempo pareciera que quisiese darle espacio al inicio de la primavera. Por todo esto con mi hija decidimos ir de compras. La iniciativa estuvo estimulada porque había leído en el diario que el Banco que emitió  mi tarjeta de crédito,  en su mes aniversario, cumplió ciento noventa y dos años,  realizaría descuentos de hasta un sesenta por ciento en todas las compras de indumentaria y en las consumiciones en bares y confiterías. A raíz de esta promoción la invité a tomar el té. Cuando quise pagar me devolvieron la tarjeta y un ticket con la siguiente información: “Capturar Tarjeta”. El mozo no conocía la causa de la denegación del pago. La merienda dejó de ser una invitación,  cada una pagó su parte; gastamos mucho más de lo que habíamos programado… Cuando llegue a casa me tomaré un omeprazol, pensé.

Sábado… de setiembre de 2014. Una hora más tarde

            Quise comprar un par de sandalias que estaban en promoción y la operación fue rechazada: “Capturar tarjeta”. Llegué a casa y tomé un omeprazol, la leche, el jugo de arándanos y la manzana cocida y el zapallo. Dicen que todos juntos son muy buenos para EL REFLUJO.
Lunes… de setiembre de 2014

            Fui al Banco para averiguar el motivo que me impedía realizar las operaciones con mi tarjeta de crédito. Subí una escalera y cuando llegué al primer piso, el empleado me envió a otra oficina y antes me aclaró que estaba en mora y que era una muy mala cliente. Al fin llegué a la oficina de Mora Temprana; y sí, era allí. Una empleada me atendió con mucha paciencia y luego de mis explicaciones y preguntas con énfasis me dijo: Señora debe 0,06 centavos. Es una injusticia, pero el sistema funciona de este modo. Y me aconsejó que volviera a la oficina de la cual me habían enviado y que entrara sin esperar números, puesto que era sólo para finalizar el trámite ya iniciado. Me atendió otro empleado y me repitió que era morosa, que me estaba atendiendo sin número, que se lo debía agradecer ya que me estaba haciendo un favor, a lo que respondí: hace tres horas que estoy dando vueltas por el Banco queriendo saber por qué está inhabilitada mi tarjeta. Me respondió que por deber 0,06 centavos era morosa, que volviera a la oficina de la cual me habían enviado y que allí le diera la baja. Pero como, ¿no es que ya está dada de baja? Sí, está dada de baja desde el 2013, pero la tiene que formalizar. Miles de preguntas acudieron a mi mente: Si está dada de baja, ¿qué tengo que hacer de nuevo? Si ellos dieron la baja sin avisarme, ¿por qué tengo que ratificar algo que no me comunicaron?   Entonces le dije: ya está formalizada, de hecho no puedo gastar. Sí, es así, pero vuelva a la oficina de Mora Temprana.

            Volví a la oficina de Mora Temprana, ya no estaba la empleada que tan bien me había atendido. Tuve que explicar todo de nuevo, y me dijeron: Usted no existe como cliente… bla… bla… bla, pero de todos modos tiene que darle la baja porque si no lo hace tendrá que pagar los gastos de renovación del año 2014. ¿No estoy dada de baja por morosa? ¿No debo 0,06 centavos? ¡Que alguien me explique por favooor! Pensé.

            Volví a casa, tomé el omeprazol, el vaso de leche; comí un puré de zapallo, la manzana cocida y por último tomé el jugo de arándanos. Dicen que todos juntos son muy buenos para la acidez y el reflujo.

martes, 23 de septiembre de 2014

Bella y lisonjera


 

— ¡María Esther! ¡Maria Esther! ¿Dónde está? —gritó Gertrudis llamando a su hija.
— Aquí en la galería señora.
—Mañana será  la encargada de recibir al delegado del gobierno nacional. Ya sabe, los latifundios pertenecen a la nación. Es muy importante su visita. Le doy unos pocos detalles: se llama Zabaleta Oruè,  es  artista plástico, de sesenta años, soltero.  Y no se olvide, ponga en práctica toda su diplomacia y buen ánimo. Que para esto fue educada. 
 
 Cuando el invitado   arribó a la estancia,  Maria Esther  lo acompañó a recorrer La Hacienda, prestigiosa y  a su vez  considerada una parada obligada para conocer las buenas carnes y disfrutar de la exquisita  comida típica. Eran las veinte horas de un día estival con cielo límpido, azul noche con tonalidades  naranjas. Arribaba el ocaso del día. La luminosidad lunar  asomaba flotando en la infinitud.
Zabaleta Orué   dejó pasar a Maria Esther delante de él; ella con diligencia abrió el portón que los conducía al jardín de verano. Lo llamaban así porque allí  cultivaban: los frutos,  las flores, más delicados traídos de otras partes del mundo  que necesitaban un microclima menos cruel.
Sin que se percataran, conversando sobre las especies y el perfume de la flor de coco,  renació la noche, mientras  las estrellas resplandecían en su rubicundez. Chan,  la servidora,  los alcanzó  jadeante por la corrida.
 

lunes, 15 de septiembre de 2014

Una casa e due candelabri. Romanzo


Una casa e due candelabri

 Prima parte del capitolo IV.

Il treno parte con pochi passeggeri; mi siedo vicina ad una signora che si reca anche lei a Varazze. La mattina è calda; sono le undici e venti. L’aria condizionata non funziona, i finestrini sono aperti e il vento soave e fresco mi carezza il volto.

Quando si ferma nelle stazioni la gente parla a bassa voce come se avesse paura di essere sentita incece, mentre il treno riprende il suo percorso il mormorio è più forte. Sarà per il rumore del  ferro sui binari? Mi piace viaggiare e quando il movimento avviene mi addormento. Ogni tanto tutto è buio, le gallerie fanno sentire la notte su di me. Qualche minuto dopo la luce invade la carrozza e tutto torna luminoso. Alla sinistra il mare Ligure, calmo ed azzurro. Alla destra le colline verdi con una profusione di diversi fiori. Le case sembra che pendano dai monti. Come saranno state costruite queste ville bagnate dal sole?

L’estate mi fa rivivere; tutto prende forma ed il mio spirito  diventa gioioso. Nell’ inverno, invece, la mia pelle è verdastra e gialla. Oggi in quest’estate marina posso vedere il mio volto abbronzato e la mia pelle ha più vigore.

Ieri Marietta è stata inquieta. Mi guardava con i suoi occhi inquisitori. Lei credeva che fossi venuta a  toglierle le cose che considerava proprie per diritto, cose che sencodo lei le appartengono. Non è così!

Durante la notte, ogni  volta che mi alzavo per andare in bagno, tardi, molto tardi lei faceva lo stesso. Temeva che io rovistassi nell’armadio che c’è in bagno. Quando uscivo lei entrava a controllare che non avessi portato via nessuna cosa.

Una statua di marmo bianco che funge da porta sapone custodisce il luogo. Gli asciugamani profumati con esenza di lavanda sono disposti in modo ordinato. Tra altri oggetti ci sono: botticini con un po’ di profumo e flaconi antichi. Ci sono anche candele profumate nei loro involucri. Tutti questi oggetti sono di origine austriaca perché mia zia andava sempre a Vienna per acquistare questi prodotti così come per la biancheria. Lei considerava che erano tutti di qualità migliore rispetto a quelli italiani.

In una delle prime serate che ho trascorso qui ho sentito Marietta chiacchierare con la donna che viene a fare le pulizie; parlavano di me e lo facevano usando un apellativo dispettoso: l’argentinuzza. Credo che significhi qualcosa come di bassa condizione sociale. Dovrei chiamarla l’italianuzza? Non so da dove ha preso quella parola. Non so a chi domandare che cosa significa perché, sebbene l’avvocato sia molto corretto, con me, mantiene le distanze. Viene tutti i giorni per chiedermi che cosa mi occorre. O chissà venga per controllarmi?

La prossima settimana verrà il notaio. Così si dice escribano; faranno tutto l’inventario dei mobili. Non vorrei essere presente perché mi ricorderà análoga situazione alla quale ho dovuto  partecipare, però accetto perché è la volontà della zia.

È vietato rivisionare gli armadi e i cassetti di tutta la casa. Questo l’ha lasciato scritto la zia nel testamento... Genova Nervi annuncia l’altoparlante… guardo verso il mare ed è calmo e intenso... Genova Quinto. Il giardino della casa è sul terrazzo che è stato ricavato dalla collina. Ricordo che quando le mie zie vivevano, di sera ci sedevamo lì a parlare. In quel tempo la brezza accarezzava i miei capelli e intiepidiva le mie braccia e le mie spalle.

Fa caldo caldo... Genova Brignole, mancano sessanta minuti per arrivare a Varazze. Il treno si è fermato. Non so perché. I passaggeri parlano, si domandano che cosa sucede. I cellulari suonano. Posso ascoltare le loro conversazioni, capisco perfettamente quello che dicono.

È un treno Regionale e perciò ferma in tutte le stazioni ed è lento nel riprendere la marcia. Non c’è l’aria condizionata; sarà perché viaggio in seconda clase? Attenzione treno in transito al binario tre, allontanarsi dalla linea gialla.  Un altro convoglio passa con velocità e sentiamo le vibrazioni.

Una signora sulla sessantina viaggia accanto a me, porta dei gioielli: un braccialetto ed un orologio d’oro. Scrive sull’Ipad. I suoi piedi sottili portano sandali che evidenziano dei fiori esotici di colore d’oro. Posso affermare che è molto ellegante. Il treno riprende la marcia, tutti tacciono. I viaggiatori si sentono rilassati; credo che a tutti quelli che viaggiamo il movimiento ci rilassa perché il ritmo è come una melodia. Se vale questo paragone.

Ieri nella cucina e dopo aver pranzato ricordo che Marietta ha controllato i cassetti dove sono le posate. Lei sa quanti sono quelle che si usano tutti i giorni; grandi e pesanti, d’argento inglese Shefield. Penserà che possa mancarne uno? Non lo so. Lei ha il vantaggio di conoscere tutti i segreti della casa. Non invano ha lavorato durante gli ultimi trent’anni della sua vita con mia zia e a questa casa la considera di sua proprietà.

 

Traduzione: Pilar Zenklusen