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martes, 10 de julio de 2018
viernes, 27 de mayo de 2016
La casa del silencio.Novela puzzle
Sinopsis
La casa del silencio
Género: Novela histórico-política.
Temas: El poder, las traiciones y la familia.
Tiempo: Finales de 1982.
Trama principal
Graziana es una joven de veintisiete años y trabaja en La
Unión Telefónica, su único deseo es encontrar el amor, y lo idealiza a través
de las conversaciones que escucha. Ella pertenece a unas de las familias más
antiguas de su pueblo. Sin embargo, su
familia es disfuncional, su madre, Pierangela, es una mujer poco expresiva, que
ha tenido una educación represiva. La
abuela de Graziana, Donatella, es
una mujer sin escrúpulos que busca por todos los medios mantener el poder del dinero que logró cuando
llegó a la Argentina desde Trieste, luego de la Primera Guerra Mundial.
Su padre, Güemes Arduy, es un Comisario jubilado y, cómo
viven en los albores del advenimiento de la democracia en la Argentina, no
desea perder el poder. Sus negocios con los prostíbulos y el juego clandestino
le generan dinero, y busca aliados para
las próximas elecciones. Su idea es llevar a la Intendencia del pueblo al hijo
del Inspector de Escuela, Gustavo, y para ello trama una alianza con los
nativos, un pueblo indígena que ha sido encerrado por los blancos durante la
fundación. Por todo ello, desea que su hija contraiga matrimonio con un joven,
Juan, hijo de un jerarca nazi que estuvo escondido desde finales de los años
sesenta, y que murió de forma imprevista y nadie supo cómo ni dónde fue
enterrado. El pueblo está acostumbrado a ser mudo, de modo que nunca se hablará
de ello. Esta protección al jerarca le permitió mantener el poder en las
sombras, porque Güemes Arduy es una persona a la cual le gusta la trampa y
el submundo sórdido.
Finalmente Güemes Arduy logra que su candidato gane la
Intendencia, pero la segunda parte del plan, casar a su hija con Juan y de esta
manera lograr que los negocios sigan bajo su órbita, se ve frustrada porque
alguien hizo una denuncia y lo buscan. Él se escapa hacia el monte de los
nativos.
Subtrama 1: Trieste. La
historia de Donnatella, su llegada al país, su poder y sus tierras.
Subtrama 2:
Conversación telefónica de un comerciante. Sus investigaciones sobre la muerte
del nazi.
jueves, 26 de mayo de 2016
Sólido. Polvo. Aire
Ponencia
En Sólido. Polvo; Aire está presente la
interioridad de un espacio y de un
tiempo de mi vida; como autora de textos poéticos considero que estos versos irradian
mis estados de ánimo, los reflejos de los mundos que creo me circundan. Por algunos momentos, esos universos
corresponden a mis fantasías; a aquella luna que en mis desayunos degustaba
entre sorprendida e indefensa.
En
el nombre del libro me permití expresar el tema central de este poemario. Los
versos aclaman a la desolación, a la desintegración del yo, del mundo; por
ello, las tormentas interiores que asolan mi alma, remontan todo lo Sólido (sólido que representa mi
existencia material, mi constante esfuerzo por el diario vivir) y disuelto,
convertido en Polvo, se eleva hacia
algún lugar en el cenit, y, yo aquí, precipitando a la tierra, me apropio de la
libertad que he buscado con incansable tenacidad. El Aire encumbrará al Polvo
que pronto se levará hacia ese espacio que presiento me otorgará serenidad.
lunes, 21 de marzo de 2016
Arroyo de cenizas. Prosa Selecta
Cuando se lee a Sara Isabella
Bonfante, se observa de inmediato un rasgo distintivo: la preocupación por la
escritura por el arte de escribir y, sobre todo, de escribir ficción. En todos
sus textos emergen la plena conciencia
de su labor como escritora, cierto carácter metaficcional que evidencia un
compromiso académico con su pasión por la escritura y que convierte a la
reflexión literaria es una constante de su obra.
El
cuento “Opus Cuatro” es un claro ejemplo de esta característica de su producción. En él, la autora,
reflexiona en torno a la producción ficcional a partir del recurso de la puesta
en abismo, mediante la cual nos presenta el rodaje de una escena de cine en la
que los personajes intercambian ideas acerca de la ficción en el ámbito del
séptimo arte. El hecho de que este relato esté escrito en las solapas del
libro, no sólo lo convierte en una original forma de presentación de la autora
a través de su propia escritura, o en
las puertas de acceso a su producción literaria, sino que nos ofrece también un
interesante juego con lo paratextual.
Así
como “Opus Cuatro” nos introduce en la reflexión, “Ficción de la ficción o
Mentira la ficción” se constituye en el punto máximo de la expresión
metaficcional a la que se hace referencia. En este texto en el que la función
poética y la función conativa del lenguaje se dan cita de una manera exquisita
para jugar en esa línea tan fina que separa la realidad de la ficción, el
narrador apela a ese potencial escritor
a quien se dirige y le prescribe cómo debe ser el héroe de su novela, cómo debe
lograr la verosimilitud o cuan importantes resultan los diálogos o la inclusión
de un monólogo interior…. Aníbal
Segovia. Profesor de lengua y literatura. Jefe de Cátedra de la Escuela Tratado
de Alcaraz, Alcaraz. Entre Ríos. Argentina.
miércoles, 4 de noviembre de 2015
La ficción de la ficción o Mentira la ficción
Si querés escribir una
novela te diría que lo pienses y
tengas presente que es un camino plagado
de vicisitudes, largo y sinuoso; quizás
tengas que escribir con el cuerpo, con el cuerpo en el que habitas. Ese cuerpo
que te acompaña noche y día. Cuerpo que en muchas ocasiones necesitará que tu
mente le dé un descanso y lo deje fuera de la tensión que padecen los
personajes, porque los personajes se lo transfieren porque ellos son porque vos
sos.
Y como estoy aludiendo a tu psiquis viene muy bien
aclarar que el héroe de tu novela debe tener una personalidad compleja, y muy
acentuado el deseo de llevar a cabo una acción que lo catapultará al triunfo o al
fracaso… Eso es, como un trauma irresuelto de la infancia y, sí, sí, mucha
historia familiar obscura. Mucha introspección, no la introspección ralentiza
el Tempo del relato. Mucha cavilación y monólogo interior y diálogos, muchos
diálogos porque aceleran la narración Puede tratarse de un personaje
desatendido por sus padres y con un hermano competitivo y maligno. Porque
¿quién no tuvo un hermano que le hizo creer que era adoptivo? Todos lo tuvimos,
y quizás lo tengas. Y para que la historia sea verosímil narrá el día en que tu hermano recibió los mejores
regalos para las fiestas de navidad y de fin de año. Y aquella oportunidad en
que tu padre te reprendió a instancias de sus mentiras y te dejaron sin salir a
jugar todo un verano. Y el día en que encontraste a tu madre leyendo a
hurtadillas una carta y lloraba y se refregaba las manos nerviosamente y,
cuando le preguntaste por qué lloraba, no te supo contestar porque armaba
frases con evasivas y te daba
explicaciones que ni ella podría creerse. Y justo en ese momento entró tu
hermano, te invitó a salir de la habitación
y te llevó hacia el jardín y allí
aseguró que la carta estaba relacionada
con tu posible adopción y te hizo jurar que no dirías nada porque tu madre se enfermaría de tristeza. Y
te convenció. ¿No lo recordás?
Por supuesto es mejor no evocar ya que cuantas más
coincidencias encuentres mayores serán
tus dudas. ¿No creés que es verosímil? Tu
héroe, tal como vos, es adoptivo y sólo se entera al final de la novela. Te doy
la posibilidad de que evalúes la historia de tu familia y bien puede que se
convierta en ficción. Todos estos elementos
se alternan en una novela. Eso sí, yo por las dudas no seguiría
indagando como el personaje-héroe que será el protagonista de la historia que
vas a escribir. Si quiere saber ¡que averigüe él! Si es adoptivo y descubre la mentira, mentiras hay en todas las
familias, ¡que sufra él! Yo que vos no indago, sigo viviendo mi vida y dejo
para la ficción todas las dudas existenciales, ¡por las dudas! No sea cosa que descubras que tu hermano haya tenido
razón.
Y para que no te sientas solo con este problema te
aseguro que por mucho tiempo creí que era hija adoptiva o que en mi casa había
un secreto, muy obscuro, muy secreto, ¿lo entendés? Mi hermana, que me lleva
diez años, siempre me decía que tenía
las manos y los dedos parecidos a los de una prima, que no era prima como se
entiende, era una sobrina política de mi papá, porque era hija de la esposa de
su hermano. Y ese comentario, porque mi hermana era repetitiva, lo hacía con asiduidad y, agregado a esto, ella y mamá eran muy compinches y salían y me dejaban, a los ocho años, al
cuidado de la casa. Y sus indirectas directas como: ¡Qué raro no sos parecida a
mamá! Me hicieron pensar que no era hija de los dos. Y a la diferencia de edad había entre mi hermana y yo, se le agregaba que ella era rubia, muy rubia y
con ojos verdes; yo, trigueña y nada parecida a mamá, a papá tampoco. Y las veces que nos peleábamos mamá
siempre salía en su defensa. Y para colmo de males esa prima lejana desapareció
de mi casa. ¡Y yo que le tenía un cariño muy especial! Esto por muchos años se
convirtió en una pesada historia que hizo que dudara de mi identidad. Ya ves
todas las familia tienen una historia posible de novelar. Por todo esto animate
a escribir esa historia.
Haa…, y no lo olvides: La ficción se nutre de la realidad
o la realidad supera a la ficción. Frase de la doxa que alguien hizo correr y
llega hasta estas páginas. Por hoy dejémoslo así. Haa…, me olvidaba, cuando publiques la novela y veas en tu blog los
comentarios de los lectores, alguno te dirá que recordó una historia similar a
la del niño y su hermano maligno y fijate qué grado de similitud tiene con la tuya.
miércoles, 28 de octubre de 2015
Despues de la ausencia
La ausencia solo es un espacio que ha quedado suspendido. La ausencia de la escritura es una línea blanca que no encuentra motivos para contar y tampoco temas con los que acometerá en otra historia. Los que tenemos el oficio de escritores, pensamos que sin el ejercicio diario estamos rumiando otra historia. Y con el afán de no escribir sobre nuestras obsesiones buscamos temas. Algunos escuchamos con atención los dichos de los otros, comentarios hechos al azar, sopesamos cómo actuaríamos ante una experiencia ajena. No es fácil llenar ese cuerpo complejo que es una obra. El mero sonar de una bocina y los ruidos del tránsito nos distraen hacia otro lugar, hacia el ruido de los demás que nos descentra. La realidad, los acontecimientos urgentes de este mundo ágil, volátil, complejo, pluricultural nos indica que los temas pueden tener la vigencia de un "click" en la web, de un "me gusta" en una red social y de "ciento cuarenta caracteres". Estos temas nos abruman y nos dicen que tenemos que buscar sin fatigarnos aquel tema que será diferente.
Cuando hacemos un corte en la ausencia, cuando trazamos una línea en el papel en blanco y decidimos escribir otra novela, esa ausencia es una presencia en evolución, un impulso hacia una vía de letras, palabras y vocablos. Y nos ponemos en acción, con el cuerpo y la mente despiertos, con las posiciones de los músculos en la necesaria tensión para acometer sobre el teclado. Y la presencia en este mundo narrado es tan fuerte que comenzamos a vivir, a pensar como los personajes, a contemplarlos. Y somos felices porque una vez más encontramos un sentido en las teclas, porque el aburrimiento de los domingos a la tarde tendrá una compañera, esa obra que nos acompañará hasta que decidamos que es suficiente.
domingo, 1 de marzo de 2015
La figura
Ese día se despertará al alba, serán entre las cuatro
treinta o cinco, con una gran opresión en el pecho, ahogada y con pocas
fuerzas, estirará la mano hacia la luz de la mesita de noche.
El
reloj hará un tic tac bien acompasado.
Los pasos de la gente que caminará por la vereda harán un efecto rebote en sus oídos. Turbada por el dolor atinará a
llamar a la emergencia. La operadora le hará preguntas que no podrá contestar, le explicará que es
fundamental, por el tipo de emergencia que necesitará. La conversación durará unos
minutos, hasta que el portero de su edificio, alertado por los médicos abrirá
la puerta.
Oscar, el portero, a este punto viejos amigos, asustado mas que ella, y
blanco como un papel, guiará a los médicos hacia su habitación. Clara. Ya están
aquí. Murmurará.
Ella no podrá emitir sonido, pero le causará una
gran ternura saber que alguien estará
ese momento a su lado. Empezarán un interrogatorio al que contestará con señas.
Levantará la mano, y afirmará o negará al médico. El bolso estará preparado.
Entre los tres: chofer de ambulancia, medico y enfermero, la subirán a la
camilla. Sólo un esfuerzo pequeño. No creerá pesar más de treinta y ocho kilos.
Oscar ya habrá abierto la puerta del ascensor.
Siempre
decían que era muy angosto y reían. Tendremos que pedir al consorcio que agrande el hueco. Reirán
a carcajadas.
Esa mañana no. Estará muy circunspecto, casi solemne. Ella lo mirará con una mirada burlona, para
que deje la solemnidad de lado. Oscar la esquivará. Cuando, al fin, cierren la
puerta del ascensor el ya habrá dado
media vuelta para cerrar el departamento y guardará las llaves. Esa será su despedida.
Las veces que regresó de
las internaciones, Oscar y su esposa, le dejaron en el florero del living las flores
que le gustaban: las azucenas, las teñidas, porque se decía que las blancas
eran para los muertos. Y yo. ¿Qué soy?...
Se preguntó.
Nunca quiso dejarse
llevar por la desazón, pasaron casi tres años. Y no perdió el optimismo. El
dolor la cansaba, tenia intensos deseos de dejar de sufrir. No deseaba perder ni dejarse
amedrentar, era sólo cansancio.
Si por algo se destacó,
fue por tener siempre la tierra firme bajo sus pies. Hubo sueños, pero siempre
emparentados por la factibilidad de lo que podría concretar. No fue dolorosa su realidad. Más bien impiadosa,
y ella respondió con misericordia. Los otros no. Juzgaban y pretendían que actúe como ellos, pero le
resultaba muy difícil.
Trataba siempre de complacer,
sobre todo a los parientes. No doy con la tecla. Es eso. Se decía. Quizás no me supe expresar. Quizás
no hablé lo suficiente. Era todo quizás… quizás. Después de un tiempo de mucho
dudar se contentaba pensando que otra vez seria mejor.
El medico se sentará a su
lado,
le pondrá el oxígeno, y que verá
su cara aliviada. Sonreirá, ella contestará
con una sonrisa. Ambos querrán tranquilizarse mutuamente.
Con el tiempo logró
conocer a todos los residentes en las
guardias, trataba de no ser quejosa, sabia que el proceso seria largo y se verían
asiduidad. Odiaba de solo pensar que se cansarían y fastidiarían con ella.
Las luces de la ciudad pasarán
como providencias fugaces por el vidrio de la ventanilla de la ambulancia, ella
siempre las mirará, precavida, por si fuera
esa la última vez que podría verlas. Llegará
a la guardia, las enfermeras, algunas, la
reconocerán. Como la piel y sus venas estarán muy frágiles, la entubarán con
gran cuidado o tendrán que empezar a buscar por otras partes del cuerpo.
Remisa a que la lleven a
terapia intensiva, estuvo casi un día en
una habitación contigua a la sala de guardia. Y cuando hubo lugar en terapia
intermedia, la pasaron hasta que se compensó.
Después sí. Una
habitación común. Compartida, así no se sentía sola. La mayoría tenía parientes que los visitaban,
y conseguía con quien hablar. Traían noticias de afuera como el frío o el
calor. Las charlas eran superficiales. Sin compromisos. Se asombraban
cuando relataba el tiempo que había
tenido que empeñar en esto. Ella desdramatizaba la situación y llevaba la
conversación a situaciones jocosas.
Su única amiga, Rosa
María, muy impresionable, las veces que entraba y la veía en ese estado,
que para ella se había vuelto normal, se echaba a llorar y salía de la
habitación tapándose la boca con las manos, y, como los ojos no mienten, lagrimones casi tan
grandes como lluvia de sapos le caían por las mejillas redondas, porque no
había perdido su aspecto infantil.
Su amiga repetía la entrada y salida de la habitación
unas cuantas veces. Ella se reía y Rosa
María se disgustaba. Ponía cara de
puchero y se volvía a su casa. Las idas y venidas de
Rosa María se repetían compulsivamente el tiempo que duraba la internación. Por
ello, un día estando en su casa repuesta
y, Rosa María, sin llorar, aclararon la situación.
La cosa viene de este
modo, tampoco le pudo decir con palabras cuál era su enfermedad porque seria de nuevo un mar de
llanto. De acuerdo. Rosa María no iría de
visita al hospital. En cambio ella, debía avisarle las veces que volvía a su
casa, y así vendría con masas secas y tomarían el té. No tendría que asustarse
si por alguna causa le resultara
imposible tragar. Cuando empezaran los vómitos se iría tranquilita. Una vez
repuesta la llamaría por teléfono. Fue el único modo de dejarla conforme.
Esta vez resultará distinto. Las enfermeras tendrán
caras largas. Llamarán a su medico de cabecera. Poco usual, de noche no se lo debe molestar, para eso estarán los de guardia.
Análisis de todo tipo. Por último una transfusión.
Clara la cosa vienen mal,
se dirá por dentro. Dormirá de a ratos. Y cuando la despierten tendrá canalizando
un aparato distinto su cuerpo. Lo raro será que no le dolerá nada.
No
le agrada verse despeinada y amarillenta, tiene cuarenta y siete años y aparenta
menos. Siempre le gustó ese aspecto juvenil y semidescuidado. La estética
siempre fue algo muy importante, nunca se quiso ver avejentada. Quien sabe si
lo logrará.
Así se preparó una tarde
y, como Oscar siempre la vigilaba, esperó que fuese su hora de descanso y salió
bien vestida con un trajecito rojo
tirando a bordo, con su pelo rubio; le sentaba bien esa combinación. Botas
porque hacía frío, guantes haciendo
juego. El maquillaje muy natural, con sus ojos verdes, sólo un poco de rimel.
No hacía falta mucho más, además todavía no estaba tan flaca. Se miró al espejo varias veces antes de salir. También
en el espejo del ascensor. Le agradó la imagen que le devolvió.
Caminó unas cuadras por Avenida Alvear,
miró toda la colección de una marca muy conocida que le gustaba. Dejó
que el viento impasible le helara la
cara y la despeinara. Se sentía aliviada,
sin ningún peso que cargar a sus espaldas.
La tarde anterior había
venido su exmarido con intenciones bien claras, sin rodeos le pidió que le deje
el departamento a su nombre.
Es más fácil para todos.
No creo que Emilia vuelva de Barcelona. De este modo nos aliviás a todos. No
será fácil para nosotros soportar una sucesión. Edgardo pronunció estas
palabras recorriendo con su mirada toda la habitación.
Como no tuvo ganas de
contestarle como se merecía, abrió la puerta y de un golpe la cerró a sus
espaldas. No creo que vuelva. Edgardo es cobarde. Se dijo. Por cierto las veces
que habló con Emilia no tuvo el coraje de contarle. No lo hizo desde un
principio, y después hubiese sido una discusión tras la otra. ¡Que!... ¿Por qué
no dijiste? ¡Que!... ¿Por qué, cómo es
que estás enferma?
Pensó escribirle una
carta, pero se dio cuenta que siendo la madre no se lo perdonaría. Con estos
pensamientos llegó hasta la parada de taxi más cercana. Comenzaba a sentirse
agitada. Le dio la dirección. Intentaba a oscurecer. Los colores del cielo aquilonal,
azul rojizo, la apasionaban. Tocó el timbre del local, un vendedor de traje
negro y camisa blanca abrió la puerta. Estuvo un largo rato mirando, no quería
dejar a nadie el mal rato de ese tramite.
Por
fin se decidió por uno de precio moderado, como estaba expuesto cuando entró y se probó al ataúd, el vendedor pegó un grito.
Estaba pálido, ella lo tranquilizó.
Después no me tendrá que ver. Balbuceó.
Las
flores más sencillas y a su vez alegres.
Yerberas y lisiantus. No le gustan los arreglos recargados. Terminado el
trámite, pagó con un cheque a quince días. Espero poder cubrirlo a tiempo. Pensó.
No sólo Emilia, su hija,
tampoco a su madre le pudo contar. Todas las veces que fue con la intención de confesarlo,
ella estaba alegre. No quiso arruinarle el momento con la noticia. Su madre sólo
la veía más flaca, y le repetía hasta el cansancio: que las mujeres muy
delgadas después de los cuarenta no gustaban a los hombres.
Y yo que no quería dejar
cuentas a nadie. Al fin no pude enfrentar ni a Emilia ni a mamá. Su voz la
sobresaltó con esa confesión. Se repetía
muchas veces: mañana lo hago. Ma- ña- na lo ha-go.
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